La Chilena en Guerrero

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La «chilena»

La "chilena" Guerrerense
La «chilena» Guerrerense

Entre los géneros musicales cultivados en la Costa Chica, una de las siete regiones geo-económicas y culturales que conforman el estado de Guerrero, en el sur de México, merecen citarse el “corrido”, el “palomo o paseo”, el “zapateado”, el “jarabe”, el “pasodoble”, el “bolero”, el “son” y la “chilena”.

En este apartado nos ocuparemos del “son” y de la “chilena”.

En la Costa Chica, para cantar y tocar los “sones” se integraron conjuntos que inicialmente estaban formados por jaranas, arpas y guitarras. Pero el “son” en Guerrero tomó características propias que lo distinguen de otros que se tocan en diversas partes del país; es mucho más recio y dinámico.

Respecto a la “chilena”, el maestro Moisés Ochoa Campos (1), nos proporciona importantes datos en su ensayo htórico «La Chilena Guerrerense».

La «chilena» en toda la Costa Chica

Chilena en Costa Chica
Chilena en Costa Chica

Señala que la “chilena” es el baile y la música más característica del estado de Guerrero y –según algunos– de toda la Costa Chica en los dos estados, Guerrero y Oaxaca, y los costeños al acto de bailar o cantar “chilenas” lo conocen como «chilenear».

Alma y cuerpo –agrega el maestro Ochoa– se funden para vibrar al conjuro de este ritmo suriano, tan peculiar y tan propio. También nos dice que es el baile mexicano más latinoamericano, más internacional, pues tiene sus raíces en la “cueca chilena”, que representa el cortejo del gallo a la gallina, y que ya se bailaba en Chile desde antes de 1814.

La “chilena” es una danza que se zapatea y se acompaña con un pañuelo que va señalando los movimientos a seguir por la pareja bailadora. Este género es uno de los más exquisitos de México. Su ritmo provoca la sensación de estar flotando en el tiempo.

La costa siempre es espacio de danzas alegres y sensuales, y la “chilena” no es la excepción: hoy en día se hacen encuentros de músicos chileneros en varios poblados, en los cuales se hace alarde de las habilidades para cantar, tocar y componer.

Es indudable que el paso de los chilenos por las costas occidentales de México dejó una huella imborrable entre los pobladores de la zona, ya que a partir de las “cuecas” de Chile nacieron las “chilenas” de México.

Tres son, al menos, las teorías sobre cómo se gestó esta magnífica influencia cultural desde Chile hacia México.

La escuadra chilena llega a Acapulco

Traída por Marineros
Traída por Marineros

Acapulco era una ciudad pequeña de extraordinaria limpieza, servía de puerto final a los galeones de Manila que traían el comercio español desde Filipinas a América.

Cuando llegaban estos buques, comerciantes del interior venían al puerto y éste tomaba aspecto de feria.

El 25 de enero de 1822 parte de la Escuadra Chilena estaba en Acapulco con la finalidad de provisionarse, y fueron los marinos chilenos quienes enseñaron a los acapulqueños la Cueca sudamericana, de ahí que este baile tomara el nombre de “chilena”.

Epigmenio López Barroso (2), ometepequense político e historiador, nos dice acerca de la “chilena”: que es un baile popular típico, movido y elegante, según algunas opiniones, y desde otro punto de vista es un ritmo de figuras y redobles elegantes.

Los marineros de los barcos chilenos pedían permiso para bajar a tierra llevando sus instrumentos de cuerda con los que solían interpretar la «cueca», sentados en rueda en Playa Larga, tocaban y cantaban, mientras otros zarandeaban el cuerpo agitando en alto con la diestra un pañuelo o paliacate.

Por su parte, Pablo Garrido, escritor chileno, autor del libro «Historial de la Cueca», consigna el arribo del barco chileno «Araucano», como nave adelantada de la Escuadra chilena bajo el mando del marino inglés Thomas Alexander Cochrane, quien por disposición del libertador chileno Bernardo O´Higgins (1778-1842) había de desplazarse para auxiliar al general Vicente Guerrero en la Consumación de la Independencia de México.

El barco “Araucano” había llegado a Acapulco en diciembre de 1821, época en la que ya se había consumado la Independencia de México con el «Abrazo de Acatempan» y la entrada del ejército Trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de ese año.

Aunque hay discrepancias en la fecha, los escritores chilenos reconocen a la tripulación del “Araucano” como el grupo que introdujo la “chilena” o “cueca” en Acapulco y la Costa Chica.

La “chilena” guerrerense, por lo tanto, corre paralela a la vida del México independiente.

Traída por marineros o por mineros, la «chilena» se quedó en Guerrero

La “fiebre del oro” y la “cueca” chilena

Según consignan varios textos en Internet, a mediados del siglo XIX “la fiebre del oro” en California hizo que cruzaran por esta zona grupos de mineros chilenos y, al alargar su estancia, los nativos del lugar aprendieron este género y lo transformaron; pero aunque el origen es la “cueca”, la “chilena” no es una cueca exactamente.

Aun cuando la “chilena” de la Costa Chica tiene semejanzas con la “cueca chilena”, existen diferencias al bailarla, explicación que se da debido a que el grupo étnico que la ha desarrollado es distinto.

Chilena Amuzgo
Chilena Amuzgo

En efecto, de acuerdo con esas fuentes, este baile llegó a las costas de Guerrero traído por los inmigrantes de origen chileno que hacían escala en Acapulco, en Guerrero, y Puerto Escondido, en Oaxaca, durante sus viajes por barco hasta California para trabajar en las minas durante la fiebre del oro; otras versiones hacen referencia a que la “chilena” llegó debido a un naufragio de un barco chileno en la región de la Costa Chica.

Sean unos u otros los precursores, hoy en día en todos los fandangos los costeños exhiben toda su alegría en la “chilena”.

Es como un aporte de Chile al gran México, algo así como una retribución por lo que es hoy la música ranchera en los campos chilenos.

Por su parte, Jas Reuter —autor de “La música popular de México”— opina que la “chilena” guerrerense denota una fuerte influencia de la población mulata establecida en la región, pero también dice que las «cuecas chilenas dejaron su impronta en los sones de Guerrero y Oaxaca, con su ritmo de 6/8 y en el empleo del pañuelo en el baile de parejas, llámense “chilenas” o “gustos”, ritmos que en su opinión corresponden al género musical «son».

La región de mayor influencia en este baile se esparció por Ometepec, Guerrero, hasta Pinotepa Nacional, Oaxaca, y por la Tierra Caliente hasta Michoacán en las colindancias de Zirándaro y Huetamo.

Traje para bailar otra variante de la “chilena”: la «chilena amuzgo» en Guerrero.

Cantar y bailar en la Costa Chica

La Costa Chica es una región que comprende parte del territorio de los estados de Guerrero y Oaxaca, en México, y allí se hace referencia al traje de la “chilena” como típico representativo, que se caracteriza por tener el cuello cerrado, bello encaje, mangas hasta la altura de los codos, largo y amplio vuelo, con franjas anchas en toda su contextura, que le distingue de los demás por estar compuesto de grecas y otras figuras de color.

Al margen de su clasificación, lo cierto es que la “chilena” es el baile por excelencia característico de la región, y es un derivado de la Cueca con antecedentes de la Zamacueca.

Algunos folcloristas al referirse a los sones de esta región los denominan «Sones Guerrerenses».

Bailada por indígenas, negros y mestizos, la “chilena” ha evolucionado alcanzando características propias de la región.

Traje de «chilena» que algunos destacan como representativo de la Costa Chica.

Traje de Chilena
Traje de Chilena

En Ometepec Guerrero; Cuajinicuilapa Guerrero, Pinotepa Nacional, Oaxaca y pueblos que conforman la Costa Chica, de los dos estados, todos bailan la “chilena” sin importar la clase social. En los fandangos costeños la música no tiene barreras y une a todos por igual al ritmo del mismo son, con el bordoneo de la guitarra y el zapateado de los bailadores se vive nuestra alma costeña con nuestra música, la “chilena” de Guerrero y Oaxaca.

Casi todas las Chilenas Guerrerenses, tal como las del municipio de Tixtla, se titulan con nombres de la fauna local: El Zopilote, el Pato, el Gato y la Iguana, por ejemplo. El estilo está también saturado de elementos africanos.

La “chilena” se toca y se baila de varias maneras diferentes, según la región y el grupo étnico; por ejemplo, en general, la chilena indígena es solo instrumental y la de la costa, de carácter más festivo, es cantada con coplas pícaras. En la actualidad, el ritmo de la “chilena” tiene más parecido con el son que con la cueca; en el “baile de artesa”, después de cantar la “chilena”, se zapatea sobre la artesa en la parte del son instrumental.

El “son” y la “chilena”

Con el pañuelo, el hombre guía las evoluciones de la mujer.
Con el pañuelo, el hombre guía las evoluciones de la mujer.

Al margen de su modalidad de entrada a México, para encontrar el origen de la “chilena” es necesario trasladarnos a Sudamérica y remontarnos a principios del siglo XIX. En su antecedente la zamba que, según el distinguido folclorista argentino Carlos Vega, era muy popular en Chile y Argentina en 1812-1813; su nombre procede del bantú “zambo” que significa baile.

Era una danza de movimiento lento en compás de 6/8. Por otra parte, en el Perú se originaba la “cueca”, baile popular que toma su nombre de la palabra “clueca” con la acepción de “caliente”, por la temperatura que alcanzan las aves al empollar sus huevos. Era un baile que remedaba los movimientos de cortejo del gallo a la gallina.

Los ejecutantes llevaban en la mano derecha un pañuelo que revoloteaban sobre la cabeza y que le servía al hombre para guiar a la mujer en las diferentes evoluciones. El pañuelo representa posiblemente la cresta o las plumas de la cola de dicha ave.

La «zamba» era menos popular que la «cueca», por lo que fue casi absorbida por esta última, tomando entonces el nombre de “zamacueca”. Del Perú pasó a la Argentina y Chile, países en donde adquirió su aspecto coreográfico denominándosela “cueca chilena” en las provincias de Salta y Jujuy, designación que se popularizó incluso en el Perú, donde se cultivó con entusiasmo y se consideró como una verdadera danza nacional hasta que sobrevino la guerra con Chile en 1879.

Nos sigue diciendo Carlos Vega que a partir de ese momento, y no viendo con simpatía aquella denominación que le recordaba el nombre de sus contendientes y a instancias del intelectual y humorista Alberto Gamarra, conocido por el seudónimo de “El Tunante”, cambió del nombre de “cueca chilena” por el de “marinera”, en homenaje a las hazañas del “Huáscar”, único buque con que contaba la marina peruana.

Como ya vimos, el camino por el cual la “chilena” llegó a Guerrero fue, indudablemente, el marítimo, vía Acapulco, en cuyo puerto atracaban naves sudamericanas desde la época colonial.

En efecto, escala obligatoria de esos barcos era el Puerto de Acapulco, donde bajaban los marineros con sus cantos y bailes que hacían el deleite de los moradores del puerto. En esta ciudad, la “chilena” no arraigó; sin embargo, fue llevada a lo largo de toda la Costa Chica por viajeros y comerciantes, donde la consideraron como propia.

Con el pañuelo, el hombre guía las evoluciones de la mujer.

Ya en tierras guerrerenses y oaxaqueñas la «chilena» fue sufriendo diversas influencias hasta convertirse en una de las variantes del “son mexicano”, con el que comparte rasgos coreográficos y musicales. El ritmo de 6/8 y el uso del tamboreo y del pañuelo en el baile son, probablemente, los únicos elementos andinos que sobreviven en la “chilena” costeña y que la distinguen del “son”.

Las “chilenas” las canta un solo cantor acompañado con su guitarra, en dúo, en trío o con banda de alientos. En tiempos más remotos, se ejecutaban con instrumentos como el bajo quinto, que afortunadamente hoy lo están recuperando algunos jóvenes talentosos.

En la región, para alegrar las fiestas, son muy acostumbradas las bandas de aliento; las “chilenas” tocadas de este modo están cargadas de gran energía, por lo que ponen a bailar a todo el mundo.

Hay que resaltar la enorme carga e influencia negra de la zona, que definitivamente ha puesto su sello distintivo en la música y la cultura de la Costa Chica. Inclusive hay poblaciones en las cuales se bailan los “sones de artesa”, que además de ser totalmente negros, se acompañan con instrumentos de percusión como la misma artesa, que es una especie de lancha de madera al revés en la cual se zapatea y acompaña la música.

Los temas de las “chilenas”, al igual que en toda la música tradicional mexicana, son el amor, los animales y el medio ambiente en general; también las hay chuscas, políticas y religiosas.

La «chilena» ha recibido diversas influencias locales

«Chilena» «La Sanmarqueña»

Entre las “chilenas” más conocidas en la Costa Chica está “La Sanmarqueña”, del sacerdote Emilio Vázquez Jiménez. Esta “chilena” fue compuesta en 1929, en el poblado de San Marcos, Costa Chica de Guerrero, y desde entonces siguió creciendo en el ánimo y preferencia de bohemios y trovadores que han llevado en sus voces y corazones su compás y su cadencia más allá de las fronteras mexicanas.

En la actualidad los jóvenes ejecutantes tienden a “huapanguizar” la chilena en su ejecución; según los expertos, aunque pueden tener similitudes el huapango y la “chilena”, son muy distintos. Pero la oleada de músicos que cayeron en ejecutarlas así, aunado a que el género en algún momento corrió peligro de extinción (si bien afortunadamente se recuperó por los jóvenes, muchas veces no se acoplaron a la usanza tradicional que es mucho más rica en cuestiones musicales).

Entre los grandes músicos de chilena se destacan Álvaro Carrillo —el famoso compositor de boleros, oriundo de esta zona, es autor de las más hermosas y conocidas chilenas como “Pinotepa”, “El amuleto” y “La hierbabuena”—, Vidal Ramírez, Higinio Peláez, José Agustín Ramírez, Baltasar Velasco, Eulalio Gallardo y varios más han entregado su vida a enriquecer el repertorio de la Costa Chica y con esto, han fortalecido la cultura nacional.

Hay que destacar que, entre otras cosas poco afortunadas que le han acontecido a la “chilena”, está el hecho de que anteriormente en esta zona había grandes ejecutantes de arpa, cosa que se ha perdido hasta prácticamente la extinción.

La “chilena” tiene sus orígenes en la “cueca”.

La Chilena  tiene sus orígenes en la Cueca
La Chilena tiene sus orígenes en la Cueca

La “cueca”, es una danza criolla sudamericana que proviene de la “jota” española, y hoy es la Danza Nacional Oficial de Chile.

La coreografía de la “cueca” consiste en un círculo imaginario que está conformado por movimientos circulares como el movimiento de media luna (semicírculos de ida y vuelta al opuesto), giro en el puesto y cambio de puesto con la pareja.

Durante este baile existe un juego de coqueteo (característico del fandango) entre el hombre y la mujer, en donde ella es continuamente cortejada por el hombre.

Fuente: www.profesorenlinea.cl