Los Manantiales de los Chaneques

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Los Manantiales de los Chaneques
Los Manantiales de los Chaneques
Los Manantiales de los Chaneques

Estos manantiales se encuentran ubicados cerca de la carretera Teloloapan-Apaxtla y para llegar a ellos hay que atravesar un lugar llamado “El Ojo de Agua de Acatempan”. Este ojo de agua contiene abundante líquido y no sólo surte de agua al poblado de Acatempan, del cual obtiene su nombre, sino también a la ciudad de Apaxtla de Castrejón. Justo donde está dicho ojo de agua hay una desviación a mano izquierda de la carretera, éste es un camino de terracería que conduce a los poblados de las Mesas de Mirabal y Huerta Grande. A los pocos metros de esta desviación hay un vado, por donde corre el agua proveniente del ojo de agua antes mencionado y cae en una pequeña cascada, formando una represa antes de continuar su camino rumbo al poblado de Apaxtla y a muchos más que se cruzan en su camino.

Y es en este vado donde varias personas oyen voces y risas como de niños pequeños. Algunos que por curiosidad se acercan, cuentan que ven a niños pequeños desnudos, los cuales juegan y bailan al son de música de violines y tambores que algunos de ellos tocan. Estos sólo se pueden observar por un pequeño instante, pues cuando se dan cuenta de que son observados, desaparecen rápidamente. Algunas personas que los llegan a ver inmediatamente se ponen muy enfermos por la impresión y tardan mucho tiempo para aliviarse, y tienen que rezarles y curarlos del susto, pues de otra manera no podrían sanar.

Pues bien, siguiendo este camino, a unos tres kilómetros más o menos de este vado y antes de llegar al poblado de Huerta Grande, están unas huertas que pertenecen al profesor Mario Delgado, el cual vive en Teloloapan y cada fin de semana o incluso entre semana, va a regar los árboles frutales que abundan en su huerta. El agua con que riega sus árboles brota de dos manantiales que están en su terreno. Estos manantiales jamás se secan y todo el año tienen agua en abundancia.

El profesor Mario y sus hijos cada año les ponen “huencle” a los chaneques, para que le sigan proporcionando agua en abundancia y no se sequen los manantiales.

El primer viernes de Semana Santa les ponen una ofrenda que consta de tamales, galletas, cigarros, mezcal, dulces, velas y flores. Y así, de esta manera, los chaneques o elementales del agua les siguen proporcionando mucha agua. También cada seis meses limpian los manantiales, se meten y sacan la basura, el lodo y toda el agua, dejándolos limpios y secos por completo. A los pocos minutos estos vuelven a llenarse de un agua limpia, fresca y transparente.

Además de esto, cada vez que van a regar sus árboles frutales piden a los chanes que cuiden la huerta, y que protejan la propiedad de las personas ajenas que sólo van hacer travesuras y a robarse las frutas y la leña. Los chanes, agradecidos por las ofrendas que les ponen y por el reconocimiento que les hacen de su labor, cuidan celosamente ese lugar y no permiten que personas ajenas se metan a causar daño cerca de los manantiales donde habitan. Esto lo saben porque muchas veces han encontrado en las orillas de los manantiales, flores, velas, mezcal y frutas, que son parte de las ofrendas colocadas ahí por las personas que se han metido a bañar al manantial, o que se han sentado a la sombra de un enorme tiamate que está al pie de uno de estos manantiales.

Se ha sabido de personas que se han puesto muy enfermas a causa de la impresión de ver a estos seres mágicos e, incluso, algunos otros, no los ven, pero sienten su presencia y también se asustan y sufren daño en todo su cuerpo. Los síntomas más frecuentes son: calentura, dolor de cuerpo, falta de apetito, insomnio, pesadillas, diarrea, náuseas y malestar en general. Por más que acuden al médico no pueden ser aliviados con medicina; al contrario, se agravan más y sólo se alivian yendo a ese lugar y pidiéndole perdón a los chanes. Por eso les llevan ofrendas, para que los dejen en paz y los alivien de todos sus malestares. Parece mentira, pero en el momento en que les piden perdón y les llevan su ofrenda para ser aliviados, automáticamente empiezan a mejorar y sanan por completo.

Estas personas jamás vuelven a acercarse a esos manantiales y jamás vuelven a robar la fruta cercana a ellos. Si algunos lo hacen, primero les piden permiso y les ponen su ofrenda, y de esta manera ya no les pasa nada malo.

Cuenta Don Mario que incluso, hasta su casa, han ido a verlo personas de Teloloapan, de Apaxtla, de Iguala y de varias poblaciones, para pedirle permiso de entrar a su terreno y hacerle un huencle a los chaneques del manantial, pues por haberse metido a bañar ahí o simplemente por cortar fruta y comerla cerca del agua, se han visto muy delicados de salud. Algunos de estos enfermos hasta madrina o padrino llevan y, aparte de la ofrenda de comida, bebida y flores, los padrinos les rezan y piden por la salud de los achacosos. Algunos llevan cohetones y música de viento para contentar a los chanes, para que así les concedan sanar a sus ahijados. Los chanes agradecen estas muestras de reconocimiento y al instante les devuelven la salud a esas personas.

Esto sucede muy frecuentemente en estos manantiales. Don Mario relata que incluso acaba de abrir otro pozo y que con la ayuda de los chanes éste tiene abundante agua. También en él aparecen ofrendas muy seguido, las cuales son llevadas por las personas que tuvieron la mala suerte de pasar cerca y sentarse por ahí, tomar agua del pozo o tirar basura en él, pues todo lo anterior molesta a los elementales del agua o chaneques, a los que les gusta el silencio, la limpieza y el orden y no les gusta que los interrumpan, que hagan ruido o que ensucien el agua donde viven. Así que evite hacer todo lo anterior, pues de lo contrario tendrá que enfrentarse a la ira de estos seres mágicos, los cuales son buenos y nos proporcionan agua, pero, a la vez, no gustan de ser interrumpidos por los humanos en sus labores. Sobre todo, les caen mal las personas que son de mal carácter y de mal corazón, y son ésas las que por lo regular se ven atacadas por estos espíritus del agua.

Si usted desea comprobar lo que aquí le estoy narrando, sólo tiene que decidirse y yo con gusto lo llevo a ese lugar, a los manantiales habitados por los chanes. Pero eso sí, lo llevo y ahí lo dejo, solo con ellos, para que lo pueda comprobar por usted mismo. Si veo que pasa el tiempo y no aparece, no se preocupe, iré a buscarlo y a rescatarlo de ese lugar, pues esos seres mágicos no hacen nada a las personas que, como yo, los respetan, reconocen su labor, les ponen ofrendas como vasos de mezcal, miel y dulces, y conservan limpios sus manantiales.

Fuente: www.libroleyendasdeteloloapan.blogspot.mx