Ignacio Manuel Altamirano en los límites de lo fantástico (hoffmaniano)

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Resumen

El presente artículo es una indagación del lugar que tiene la literatura fantástica dentro de la obra de Ignacio Manuel Altamirano, particularmente sobre la influencia de la manera de entender lo fantástico de E. T. A. Hoffmann. Fiel a sus convicciones nacionalistas, el mexicano no fue ajeno a los mecanismos de lo fantástico y en diversos momentos los utiliza, siempre ubicado en las fronteras de esa tradición literaria. A partir de sus textos críticos, obras de carácter costumbrista e indicios localizados en algunas de sus narraciones, es posible conocer sus opiniones al respecto y abordar su manera de entender lo fantástico (hoffmaniano).

Introducción

Con el triunfo definitivo del liberalismo en 1867, las circunstancias fueron propicias a la causa nacionalista. La tutela de Ignacio Manuel Altamirano es central al respecto para comprender el renacimiento literario durante la República Restaurada (1867-1876), así como para entender el rumbo que adoptaron las concepciones sobre lo literario. En “Revistas literarias de México (1821-1867)” el guerrerense muestra a sus lectores un panorama de las letras mexicanas en el cual hace encomio del compromiso político que los escritores habían tenido hasta ese momento con el país. Atribuye la precaria situación de las letras mexicanas al sacrificio heroico de varios de ellos en contra del imperio extranjero:

El fragor de la guerra ahogó el canto de las musas. Los poetas habían bajado del Helicón y subían las gradas del Capitolio. ¡La lira cayó a los pies de la tribuna en el Foro, y el numen sagrado, en vez de elegías y de cantos heroicos, inspiró leyes!

Bendito sea ese cambio, porque a causa de él, la literatura abrió paso al progreso, o más bien dicho, lo dio a luz, porque en ella habían venido encerrados los gérmenes de las grandes ideas, que produjeron una revolución grandiosa. La literatura había sido el propagador más ardiente de la democracia.

La inmolación en aras patrióticas representó una prueba de la entrega y el amor nacionalistas, términos en los que se percibe ya la conformación de un discurso en el cual está presente la idea de una religión de la patria. En este contexto, en el que la literatura es propagadora de la democracia, madre del progreso y forjadora de la nación, discurre el texto de Altamirano que —si bien centra su interés en la novela— enfatiza la importancia social de la literatura, así como su contribución a la prosperidad y moralización del país.