Las Mañanitas guerrerenses

Views: 5747
Mañanitas Guerrerenses

Canto folclórico tradicional de Tixtla, según datos obtenidos por personas nacidas en ese lugar en la primera década del Siglo XX. Se tiene conocimiento que ya se cantaban en 1885. El nombre del autor o autores se ha perdido.

La letra y música se conservaron a través de un alegre grupo de cantadores que tocaron el bajo quinto y guitarras. En esos tiempos no había conjuntos musicales.

Después de la Revolución de 1910, renacieron en Tixtla las costumbres y tradiciones; a partir de 1925 se cantan las Mañanitas tixtlecas cuando se festeja el onomástico o el cumpleaños de familiares y amigos. Las fachadas todavía se alegran con palmas y moños de colorido papel de china, carrizos y cadenas de cempasúchil.

Terminado de colocar el lucido arreglo, que estará todo el día en la puerta del festejado, el grupo de familiares y amigos entonan las Mañanitas. El agasajado abre la puerta, todos son recibidos; ya dentro del hogar, continúa la fiesta con canciones, corridos, versos chuscos y baile.

Se sirve el pozole o mole con tamales, según la hora; no faltando, para alegrar el ambiente, las copitas de sabroso mezcal.

Las Mañanitas fueron y son cantadas con los famosos “papaquis”, dados a conocer fuera de Tixtla por los comerciantes arrieros, quienes a lomo de bestia negociaban con pueblos de distintas partes de Guerrero.

La Escuela Normal Rural de Ayotzinapa inició sus funciones el 2 de marzo de 1926. Cuatro años más tarde los profesores egresados, a la fecha, han sido embajadores culturales que han llevado esos hermosos cantos a donde han ejercido su profesión.

En 1986 las hermanas Trinidad y Rita Astudillo González grabaron un disco en el que dieron a conocer las Mañanitas tixtlecas, que fueron transmitidas por radiodifusoras locales, llevando alegría a los hogares. A partir de entonces se conocen por doquier como Mañanitas guerrerenses, cuyo texto original fue proporcionado por los señores Tomás González, Celerino González Navarrete, profesora Rita Astudillo, profesor Ladislao Cienfuegos Espíritu y profesora Esthela Cervantes Basilio:

Estas son las mañanitas
que se cantan en Guerrero,
a las muchachas bonitas
y a los amigos sinceros.

Comadre (o compadre), si te desvelo,
despierta y no duermas tanto
que te vengo a saludar
la mañana de tu santo.

Cantar, corazón, cantar,
cantar y seguir cantando,
hoy por ser día de tu santo
te estamos felicitando.

Desde mi casa he venido
brincando los tepanoles
sólo por venir a ver
las ollotas de pozole.

Ahora que voy de pasada
me parece ingratitud
el no arrimarme a tu puerta
a saber de tu salud.

Llorar, corazón, llorar
llorar si tienes por qué
que no es afrenta del hombre
llorar por una mujer.

Levántate, comadrita,
verás tu calle regada
con lágrimas de un compadre
que pasó de madrugada.

No traigo corona de oro
ni tampoco de cristal
sólo traigo mi barriga
pa’ llenarla de mezcal.

Llorar, corazón, llorar,
llorar al pie de una peña,
que no es afrenta en el hombre
llorar por una trigueña.

Comadre, no duermas tanto
deja ese sueño profundo,
que te viene a saludar
toda la alegría del mundo.

De las estrellas del cielo
la más grande no aparece
en el cielo se ha perdido
y en tu pecho resplandece.

Llorar, corazón, llorar,
llorar, pero con sonrisa,
te he de querer, te he de amar,
como la flor a la brisa.

En fin, comadre, nos vemos,
ya fueron tus parabienes,
buena salud te deseamos
todo el tiempo que vivieres

Despedida no la doy,
porque no la uso yo,
pero qué más despedida,
comadre, quedas con Dios.

Por esta calle me voy
y por la otra doy la vuelta,
volveremos de aquí a un año
si Dios la vida nos presta.

Llorar, corazón, llorar,
llorar al amanecer,
no es afrenta para el hombre
llorar por una mujer.

En Chilapa, el profesor Francisco Silva Acevedo compuso una parodia de las Mañanitas tixtlecas, ahora guerrerenses, cantada por primera vez el 21 de junio de 1922 en la casa de la señora Lina Acevedo viuda de Silva, que dice:

No traigo arcos de carrizo
ni tampoco de cristal;
sólo traigo mi barriga
pa’ llenarla de mezcal.

Yo supe que ayer mataron
en tu casa un marranito,
me dio gusto que invitaran
a tomar el pozolito.

Yo supe que ayer mataron
en tu casa un guajolote,
y les dije a mis amigos
no se pierdan el borlote.

Si no nos abres la puerta,
nos vamos sólo por eso,
a la tarde volveremos
a los tamales de queso.

José Agustín Ramírez escribió las siguientes Mañanitas guerrerenses:

Feliz despierta al calor
de cantares infinitos
y de versos exquisitos
como pétalos de flor.

Oye esta dulce canción
que se formó con latidos
y con arrullo de nidos
que te canta el corazón.

Cantamos en tu ventana,
está de fiesta el poblado
y te ofrece emocionado
su más puro galardón.

Por tu belleza y candor
y por tu alma generosa,
hoy se deshojan las rosas
de gratitud y de amor.

Y nosotros con calor
te cantamos conmovidos
esta canción de latidos