La chilena: herencia de las cuecas sudamericanas

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Por su parte, aunque comparte ciertas características con el son, la chilena es una expresión musical claramente distinta. Su origen se encuentra en las cuecas chilenas y peruanas que trajeron a las costas de Guerrero los inmigrantes sudamericanos que pasaron por ahí y por las costas de Oaxaca entre 1848 y 1855, durante la fiebre del oro de California. A grandes rasgos, la chilena relata —por medio del canto y el baile— las fases de un cortejo amoroso. Inicia con un ritmo acompasado, luego se cantan coplas regionales, después el ritmo se acelera mientras el galán intenta alcanzar a la dama (la cual se escabulle con ligeros pasos mientras agita un pañuelo). Finalmente, los bailarines muestran su habilidad con sonoros taconeos que se conocen como “tarimero”.

La instrumentación típica de las chilenas está formada por arpa, violín, jarana, bajo sexto y requinto. Entre las más conocidas se encuentran El charco choco, La yerbabuena, Acapulqueña, El toro rabón, Atolito con el dedo, La Cirila, La sanmarqueña y El gallo plateado, muchas de las cuales son de la autoría de Álvaro Carrillo (1919-1969), famoso compositor nacido en Oaxaca y autodeclarado guerrerense.

Otros estilos musicales que podemos encontrar en Guerrero son el bambuco (originario de Colombia e interpretado con una guitarra y una sola voz). También existe el chotis (que, a diferencia de en los estados del norte, en Guerrero se interpreta con bajo quinto). Por su parte, el oaxacado (especie de son “cortado” que se interpreta con violín y guitarra en la región mixteca de La Montaña). Por último, los papaquis (propios de la región central, sobre todo de Tixtla, se trata de curiosos versos en gran medida improvisados que se entonan en los cumpleaños con o sin acompañamiento instrumental.

La palabra deriva del náhuatl papaquiliztli, que significa “gozo” o “alegría”) y el chile frito (manera local de referirse a la música “de banda” que acompaña todas las celebraciones y cuya alineación está formada por trombón de vara, bombardino, trompeta, clarinete, saxofón y batería).

También el bolero y la canción popular forman parte importante de la tradición musical guerrerense. En esta vertiente se encuentran temas como Atoyac, La callejera, Caleta, Caminos de Chilpancingo, Mañanita costeña y la emblemática Por los caminos del sur (compuesta por José Agustín Ramírez), que se ha convertido en el himno no oficial de Guerrero.

Fuente: https://musicaenmexico.com.mx/