Afrodescendientes en México

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Afrodescendientes

México y varios países de África comparten un pasado que sólo una pequeña parte de la población mexicana conoce, que la mayoría de las personas africanas ignora y del que tampoco saben las comunidades afrodescendientes de otros países. Esta historia está marcada por un sinnúmero de intercambios económicos, sociales y culturales que pueden observarse en cosas tan cotidianas como un vaso de agua de jamaica; esta planta es originaria del continente africano.

La historia de las personas africanas en México se remonta al periodo virreinal, cuando en mercados, plazas, iglesias, talleres de trabajo, procesiones, fandangos o cocinas convivieron mujeres y hombres nahuas, otomíes o mayas con españoles de varias regiones, pero también, y de manera importante, con mandingos y wolofs de África occidental y bantúes* del centro de ese continente. Lenguas, costumbres, creencias y formas de vestir, curar o cocinar de distintos grupos se intercambiaron desde el siglo XVI, cuando, junto con lo españoles, comenzaron a arribar, de manera forzada, personas africanas a nuestro país.

A partir del estudio pionero del antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán (1946), las investigaciones sobre la participación y contribución de niñas, niños, mujeres y hombres africanos y afrodescendientes en la formación de México han aumentado significativamente, sobre todo en las últimas dos décadas.2 Estos estudios han demostrado la importancia económica, social y cultural de los africanos durante el periodo virreinal en México y las características de las comunidades afrodescendientes que hoy en día tienen rasgos y expresiones culturales que recuerdan el pasado que la población mexicana compartió con culturas africanas.

Sin embargo, la mayor parte de la sociedad mexicana desconoce esta historia y gran parte de estos conocimientos. ¿Por qué es importante conocer y divulgar el pasado y presente de las personas africanas y afrodescendientes en México?, ¿para qué nos sirve? Primero, porque tenemos derecho a saber quiénes fueron nuestros antepasados, por qué tenemos cierto color de piel, determinados gustos en la comida o ciertas formas de cantar o jugar. Segundo, porque tenemos una deuda histórica con los miles de hombres, mujeres y niños que llegaron a nuestro país a trabajar en el campo y la ciudad, en los gremios de pintores, zapateros o herreros, en las milicias, en los puertos, o como nodrizas y amas de leche, maestras, pajes, arrieros y más tarde, en las luchas del movimiento independentista insurgente e incluso como gobernantes del México independiente. Tercero, porque los colectivos afrodescendientes o afromexicanos que existen en México demandan su reconocimiento como sujetos de atención con derechos, entre otras cosas, para la elaboración de políticas públicas en su beneficio.

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