Historia de “La Sanmarqueña”

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“Se dice que la inspiradora de esta chilena fue Eleuteria Genchi, una hermosa costeña originaria de Cruz Grande, pero que vivió en San Marcos”

“La Sanmarqueña”

La letra de la chilena “La Sanmarqueña” se ha ido cambiando con el curso del tiempo, dándole un sentido de humorismo, picardía y jocosidad, que difiere de la letra y el sentido original.

Cuando escuchamos su melodía, inmediatamente nuestro cuerpo y corazón responden y corresponden al ritmo que nos impone. Esta es una Chilena que identifica o representa el folklore de nuestro estado y de nuestro país. Pero, ¿cuál es el origen de esta hermosa melodía? Cito una anécdota escrita al respecto por el señor Florencio Encarnación Ursúa; espero, no herir susceptibilidades y si así lo hiciere, me disculpo anticipadamente y me justifico diciendo que hay cosas que el pueblo debe conocer, (en este caso, el origen de tan bella melodía), porque es la historia de una canción emanada de una emoción propia de la calidad humana

La anécdota

“Esta hermosa chilena tiene la virtud de ser considerada por muchas personas como la expresión vívida y exacta de la virilidad y hombría del costeño guerrerense, pero a la vez, como la exponente genuina del amor sensual, bronco y ardiente del trópico.

Flotan los airosos pañuelos como si fueran alas de palomas que se acarician y entrelazan en el aire, al compás del baile, mientras el amor se convierte en el único tema que se propaga y enciende con viva expresión en todos los rostros que, además, se ensimisman frenéticamente con el ritmo. ¿Quién puede negar que esta chilena sea una de las más bellas y puras joyas del rico folklore guerrerense?

La Sanmarqueña se creó en Cuautepec, en ese pintoresco poblado que trepa sus calles sobre las faldas del cerro que es inicio y fin de la Sierra Madre, y desde ahí mira sonriente hacia la costa; en ese pueblito que fue cuna de Rubén Mora, de ese cóndor de la literatura costachiquense, autor de tantos y tantos hermosos poemas, vibrantes y sensuales algunos como “La Potranquita”; revolucionarios y fustigantes otros, como “Tlacololero”, y muchas más composiciones todas muy bellas por su rima e inspiración que encierran.

Cuentan viejos vecinos del lugar, que siendo gobernador de nuestro estado de Guerrero el General Adrián Castrejón, en una de sus giras, acompañado de varios de sus amigos, entre los cuales iba don Nabor Ojeda Caballero, visitó los municipios de Cruz Grande, Copala, Ometepec y San Luis Acatlán, y el día 20 de mayo llegaron a Cuautepec a eso de la una de la tarde. Como suele suceder en estos casos, el señor presidente municipal, don Telésforo Guerrero, se puso al frente de hombres y mujeres de su poblado para llevar cohetes, flores y la banda de música, al recibimiento de la respetable comitiva, y después de pasada la primera ceremonia, se sirvió un suculento banquete compuesto de platillos regionales.

Todas las casas estaban engalanadas con adornos de papel de china de vivos colores y con hojas frescas y lozanas de palmera, tal y como es costumbre hacerlo cuando se trata de conmemorar al Santo Patrón del lugar. Y en cuanto llegó la noche, se inició un animado baile en el salón de la escuela de niños “Vicente Guerrero”, que amenizó la orquesta integrada por los músicos lugareños Epifanio Lugardo, Agustín Ventura Loreto, Erasto y Filogonio Morales. Y fue en esa ocasión, que se dio a conocer “La Sanmarqueña”.

Cuentan que los funcionarios y sus acompañantes estuvieron felices, quizá más de lo que uno pueda imaginarse porque pedían y volvían a pedir que les tocaran y cantaran esa chilena que por primera vez estaban escuchando.

Pero de pronto el señor Gobernador preguntó por el autor de esa canción, siendo grande su sorpresa cuando le informaron que era nada menos que el cura del lugar Don Emilio Vázquez Jiménez.

_¡Pero, ¿cómo, un cura?!

_Y artista inspirado- le contestaron.

Inmediatamente mandó llamar al cura para charlar con él. El párroco no podía ocultar su pena al saberse descubierto, pues al señor Gobernador ya se le había puesto al tanto de todo; la presentación fue amena y como si ya hubiese habido amistad, tomó confianza y se comenzó a explayar.

-Bueno, señor, ya sé que los curas tenemos prohibido sentir “eso”, pero ahora ya no tiene remedio y que sea la voluntad de Dios. Ahora veamos si le gusta como yo toco el violín-, dijo y frente al General hizo brotar de las cuerdas de su instrumento musical, las notas de esa composición producto de su inspiración.

Las felicitaciones que le dieron lo hicieron sentirse halagado y cómodo, con gran confianza en sí mismo, por lo que gustoso obsequió a la comitiva visitante la partitura y los versos, que a la letra decían”:

“La Sanmarqueña” (Chilena)

Autor: Emilio Vázquez

Que linda la sanmarqueña

que domeña con honor,

tiene en sí tal dulce encanto,

que con llanto inspira amor

(estribillo)

Sanmarqueña de mi vida

¡ándale, ándale, ámame!

Sanmarqueña salerosa

Ven hermosa, ven aquí;

Dime linda, alguna cosa,

Muy piadosa: dí que sí… (estribillo)

Si tú me amaras, morena,

En la arena había de estar

Que más gloria yo quisiera,

Ni pudiera conquistar… (estribillo)

Ven, gironcito del cielo,

Mi dolor a consolar;

Un abrazo muy estrecho

Con un beso venme a dar… (estribillo)

No me lo niegues ingrata

Que me mata tu desdén;

dámelo linda, preciosa

como rosa del Edén… (estribillo)

Cuando yo pienso olvidarte,

Se me parte el corazón;

Siento en mí fiero combate

Que me abate la razón…..(estribillo)

Adiós linda Sanmarqueña

Que domeña con honor,

Ya se va tu fiel amante,

Tu constante adorador…(estribillo)

J. Agustín Ramírez

“Esa chilena como otras canciones de nuestro pueblo, que a veces permanecen por muchos años ignoradas quizá no se hubiese popularizado si no la hubiera conocido José Agustín Ramírez, pues fue él quien la llevó como grandioso mensaje del alma bravía Guerrerense por todos los confines de nuestra patria mexicana, y aún más allá”.

Es de suponerse que el párroco Emilio Gálvez Jiménez, por su condición de sacerdote, le pidió a J. Agustín Ramírez que firmara como autor de esa hermosa melodía, pues por esos tiempos J. Agustín Ramírez llegó a la Costa Chica como supervisor escolar; además era ya un compositor Guerrerense muy reconocido.

Fuente: http://guerrerocultural87.blogspot.com/